FIRMAS PARA INDEPENDIENTES

Se ha abierto, con fundamento, una investigación acerca de la veracidad de las firmas que patrocinaron dos candidaturas presidenciales independientes. Hasta el momento, la asociación gremial que reúne a notarios y conservadores acaba de suspender a los dos miembros de su orden que dieron fe de la validez de las firmas cuestionadas y el Ministerio Público lleva adelante una investigación que augura más de alguna sanción que puede ser penalmente menor, pero política y socialmente muy grave.

Si se comprueba que alguna o ambas candidaturas que hoy son objeto de investigación fueron inscritas mediante un procedimiento fraudulento, ello abre el espacio para poner también bajo cuestionamiento la elección presidencial en su conjunto por un problema formal. Afortunadamente, hasta ahora el sistema político se ha comportado con gran responsabilidad y nadie ha abierto esa puerta por la obvia razón de que ambas candidaturas que pasaron a segunda vuelta están libres de un reproche de esta naturaleza y porque la votación de los impugnados, aunque en un caso es relativamente considerable, no alcanza a modificar el resultado de la elección, aunque imaginariamente se imputara por completo a alguna de las dos ganadoras. No ocurre lo mismo, sin embargo, con la necesidad de una segunda vuelta.

Es evidente que el sistema de firma actualmente imperante para patrocinar candidaturas independientes, así como para constituir partidos políticos no ofrece garantías de seriedad y está bajo un nivel de sospecha social que hace necesario cambiarlo. El sistema que adoptemos debe dar la posibilidad a los independientes de competir en igualdad de condiciones, pero ello no puede garantizarse mediante mecanismos que se presten con relativa facilidad al fraude, pues ello daña nuestra democracia.

De paso, de comprobarse el fraude, la institución de nuestros notarios sufrirá un duro golpe, lo que es también muy grave, pues estos ministros de fe cumplen un rol esencial para dar certeza jurídica a las personas y mitigar el crecimiento de la litigiosidad.

La investigación judicial debe ser minuciosa y las sanciones, si corresponden, deben ser ejemplarizadoras, pues uno de los grandes activos de Chile y su democracia es tener un sistema electoral carente de toda sospecha de corrupción, fraude o cohecho.

Este año, sin embargo, dos hechos de distinta gravedad amenazan ese prestigio: primero, el eventual fraude con las firmas que comentamos, y el segundo, que ha pasado inadvertido en esta dimensión, es la campaña para marcar los votos en apoyo de la asamblea constituyente. En este segundo caso no tengo ninguna duda de que sus promotores no han tenido la menor intención de introducir un elemento de fraude, pero sí se ha validado la posibilidad de que las personas marquen de cualquier manera los votos emitidos, y eso está socavando gravemente la garantía del secreto del voto.

Hoy se ha hecho con una finalidad política discutible en su mérito pero exenta de mala intención, pero abierta esta puerta mañana podría ser utilizada para hacer marcaciones que permitieran conocer la forma en que votan ciertos electores. Eso, creo yo, no se puede permitir.
Nuestra democracia ha madurado en casi dos décadas y media, pero esta elección nos ha dejado la clara lección de que es imprescindible dar un salto tecnológico y pasar al voto electrónico, con mecanismos de esta naturaleza para la inscripción de candidaturas y las elecciones mismas.

Para Tejemedios escribió:
CRISTINA BITAR
LICENCIADA EN CIENCIAS ECONÓMICAS