LOS RETOS PARA EL 15 DE DICIEMBRE

La elección presidencial, parlamentaria y de cores está marcada por el hecho de que —a nivel presidencial— habrá segunda vuelta y porque —a nivel parlamentario— la Nueva Mayoría no obtuvo los doblajes que esperaba para hacer cambios mayores; sólo queda con la mayoría simple en ambas Cámaras, lo que la obligará a buscar acuerdos para cualquier innovación institucional. Nada distinto, en realidad, de lo que ha sido desde hace bastante tiempo. Desde ese punto de vista, si bien a nivel de diputados la Nueva Mayoría amplía su ventaja, en el Senado, en cambio, la situación queda bastante parecida a lo que era. La lectura de esta elección debe hacerse, por lo tanto, con calma y no hay que dejarse llevar por los entusiasmos del momento.

Algunos elementos de juicio son importantes en este sentido. Michelle Bachelet obtiene alrededor de 3 millones de votos sobre un padrón electoral de más de 13 millones, esto no le resta legitimidad para nada a su primera mayoría relativa, pero es evidente que si lo que busca es hacer cambios profundos, como una nueva Constitución o modificaciones sustanciales a nuestro modelo de desarrollo, no parece políticamente prudente pretender imponerlos sobre la base de esta votación. Probablemente, si hubiera triunfado en primera vuelta, con una participación electoral que se hubiera empinado en el 60 por ciento del padrón electoral, un eventual gobierno suyo habría podido exigir con mucha más fuerza electoral a la oposición apertura a los cambios. Pero la situación no es esa, e insisto en que no es un problema de legitimidad, que es incuestionable; es un problema de prudencia y realismo político: las mayorías confieren un respaldo que tiene un importante elemento cualitativo que no se puede soslayar.

A contar de la elección de ayer, los desafíos para la Alianza son enormes. Primero, enfrentar la segunda vuelta con la misión de llegar, por lo menos, a los niveles de votación histórica del sector, que no debiera estar bajo el 40 por ciento en ningún caso. Ello, sin renunciar al objetivo de ganar, por difícil que parezca. Es una hipótesis razonable pensar que mucha de la votación de los candidatos que están fuera de los dos grandes bloques no va a tener incentivos para votar en la segunda vuelta y Matthei debería buscar electores entre los que votaron ayer por sus candidatos al Parlamento, pero que no votaron por ella. El dato de que en la Región Metropolitana la Alianza sacó más del cuarenta por ciento en ambas circunscripciones es muy importante y no puede ignorarse; ahí hay un contingente importante de electores que ir a buscar.

El gran desafío de Matthei, entonces, es llevar a su electorado a las urnas. Tiene que conquistar a los votantes apolíticos y de centro que le dieron 10% a Parisi, más quienes se sientan representados con las ideas liberales. La clave está en mostrar que lo logrado en esta primera vuelta puede darle un segundo aire a su campaña. Muchos han dicho que a Matthei le faltaban meses para despegar en las encuestas, y los votantes le acaban de dar un mes más para que ponga todo el trabajo posible. La derecha tiene una última oportunidad de demostrar que el camino institucional tiene sentido y que lo logrado en Chile hasta hoy no debe volverse a fojas cero. No tiene sentido que, en un momento con grandes avances en empleo, crecimiento y derechos sociales, el país decida echar por la borda lo logrado.

La segunda vuelta será, además, una oportunidad muy importante de poner en práctica la capacidad de la Alianza de actuar unida. No cabe duda de que si la Nueva Mayoría finalmente triunfa, lo que es obviamente lo más probable, la futura oposición no tendrá espacio para los personalismos, ni menos para posiciones díscolas que abandonen al electorado que los eligió. Es un dato que los candidatos de la Alianza sufren hoy día el desafecto de una cantidad importante de electores suyos que sienten que se han desperfilado y que no los representan. La derecha tiene urgencia de volver a actuar con una identidad clara y eso, especialmente si es desde la oposición, requiere sentido de equipo.

Si Evelyn Matthei logra disputar la elección presidencial en un resultado apretado, aunque pierda, dará una señal política tremenda de estabilidad que es lo que probablemente, la mayoría de los chilenos quieren.

Para Tejemedios escribió:
CRISTINA BITAR
LICENCIADA EN CIENCIAS ECONÓMICAS