La elección presidencial, parlamentaria y de cores
está marcada por el hecho de que —a nivel presidencial— habrá segunda vuelta y
porque —a nivel parlamentario— la Nueva Mayoría no obtuvo los doblajes que
esperaba para hacer cambios mayores; sólo queda con la mayoría simple en ambas
Cámaras, lo que la obligará a buscar acuerdos para cualquier innovación
institucional. Nada distinto, en realidad, de lo que ha sido desde hace
bastante tiempo. Desde ese punto de vista, si bien a nivel de diputados la
Nueva Mayoría amplía su ventaja, en el Senado, en cambio, la situación queda
bastante parecida a lo que era. La lectura de esta elección debe hacerse, por
lo tanto, con calma y no hay que dejarse llevar por los entusiasmos del
momento.
Algunos elementos de juicio son importantes en este
sentido. Michelle Bachelet obtiene alrededor de 3 millones de votos sobre un
padrón electoral de más de 13 millones, esto no le resta legitimidad para nada
a su primera mayoría relativa, pero es evidente que si lo que busca es hacer
cambios profundos, como una nueva Constitución o modificaciones sustanciales a
nuestro modelo de desarrollo, no parece políticamente prudente pretender
imponerlos sobre la base de esta votación. Probablemente, si hubiera triunfado
en primera vuelta, con una participación electoral que se hubiera empinado en
el 60 por ciento del padrón electoral, un eventual gobierno suyo habría podido
exigir con mucha más fuerza electoral a la oposición apertura a los cambios.
Pero la situación no es esa, e insisto en que no es un problema de legitimidad,
que es incuestionable; es un problema de prudencia y realismo político: las
mayorías confieren un respaldo que tiene un importante elemento cualitativo que
no se puede soslayar.
A contar de la elección de ayer, los desafíos para
la Alianza son enormes. Primero, enfrentar la segunda vuelta con la misión de
llegar, por lo menos, a los niveles de votación histórica del sector, que no
debiera estar bajo el 40 por ciento en ningún caso. Ello, sin renunciar al
objetivo de ganar, por difícil que parezca. Es una hipótesis razonable pensar
que mucha de la votación de los candidatos que están fuera de los dos grandes
bloques no va a tener incentivos para votar en la segunda vuelta y Matthei
debería buscar electores entre los que votaron ayer por sus candidatos al
Parlamento, pero que no votaron por ella. El dato de que en la Región
Metropolitana la Alianza sacó más del cuarenta por ciento en ambas
circunscripciones es muy importante y no puede ignorarse; ahí hay un
contingente importante de electores que ir a buscar.
El gran desafío de Matthei, entonces, es llevar a
su electorado a las urnas. Tiene que conquistar a los votantes apolíticos y de
centro que le dieron 10% a Parisi, más quienes se sientan representados con las
ideas liberales. La clave está en mostrar que lo logrado en esta primera vuelta
puede darle un segundo aire a su campaña. Muchos han dicho que a Matthei le
faltaban meses para despegar en las encuestas, y los votantes le acaban de dar
un mes más para que ponga todo el trabajo posible. La derecha tiene una última
oportunidad de demostrar que el camino institucional tiene sentido y que lo
logrado en Chile hasta hoy no debe volverse a fojas cero. No tiene sentido que,
en un momento con grandes avances en empleo, crecimiento y derechos sociales,
el país decida echar por la borda lo logrado.
La segunda vuelta será, además, una oportunidad muy
importante de poner en práctica la capacidad de la Alianza de actuar unida. No
cabe duda de que si la Nueva Mayoría finalmente triunfa, lo que es obviamente
lo más probable, la futura oposición no tendrá espacio para los personalismos,
ni menos para posiciones díscolas que abandonen al electorado que los eligió.
Es un dato que los candidatos de la Alianza sufren hoy día el desafecto de una
cantidad importante de electores suyos que sienten que se han desperfilado y
que no los representan. La derecha tiene urgencia de volver a actuar con una
identidad clara y eso, especialmente si es desde la oposición, requiere sentido
de equipo.
Si Evelyn Matthei logra disputar la elección
presidencial en un resultado apretado, aunque pierda, dará una señal política
tremenda de estabilidad que es lo que probablemente, la mayoría de los chilenos
quieren.
Para Tejemedios escribió:
CRISTINA BITAR
LICENCIADA EN CIENCIAS ECONÓMICAS