A 40 AÑOS DEL GOLPE MILITAR

Hace cuarenta años un violento golpe de Estado puso fin al gobierno de Salvador Allende, y es evidente que nuestro país sigue con ese capítulo abierto. Mucho de lo ganado en estas cuatro décadas en términos de reconciliación y capacidad de aceptarnos se evapora en el aire cuando volvemos a revivir el período de la UP, del golpe de Estado y de la dictadura militar. Todavía es imposible evitar que los adversarios de ayer no intenten medir con una huincha de precisión milimétrica la responsabilidad que tuvo cada uno en el quiebre institucional y en lo que se vivió en los 17 años subsecuentes.

En los últimos meses hemos visto distintas interpretaciones de lo ocurrido. Hemos visto cronologías de la historia, escuchado a quienes jugaron roles claves antes del golpe, en el 11 de septiembre del 73 y durante la dictadura. Se han dado a conocer, una y otra vez, las distintas visiones de lo ocurrido. Todo ello es necesario para poder dar cuenta de que los procesos históricos no son hechos aislados de contexto. Lo que ocurrió el 11 de septiembre del 73, y los hechos acaecidos en los años posteriores no están faltos de explicación, y entender las causas del quiebre y de la violencia política es un proceso importante de nuestro crecimiento como sociedad. Lo que no puede ocurrir es que pretendamos confundir causalidad con necesidad. Podemos entender las razones de quienes tomaron las decisiones, las motivaciones de quienes exigieron una intervención militar, y los miedos de quienes perpetuaron una dictadura por 17 años. Pero no podemos, por ello, exculparlos de las atrocidades que cometieron o dejaron a otros cometer. Entender no es lo mismo que justificar.

El Presidente Piñera ha hecho un esfuerzo consistente a lo largo de los años por tener una posición equilibrada respecto de aquella época. El ha comprendido que la derecha, la misma que renunció de manera violenta a la democracia hace cuarenta años, es hoy la que debe liderar los procesos de reconciliación. Cree que la derecha debe reafirmar su compromiso democrático y declarar, de manera activa, que los sucesos del 11 de septiembre de 1973 pueden ser contextualizados, estudiados y comprendidos, pero no justificados.

El Presidente ha mostrado su mejor cara en este aniversario número 40, la misma que le permitió ganar el 2009 y que cautivó las esperanzas del país. La importancia de realizar un acto de Estado para conmemorar la fecha muestra que su compromiso con construir un relato común de nuestro país es honesto. Lo más triste es que no todos sean capaces de recordar el pasado en una ceremonia común, en que los enemigos irreconciliables de ayer se reencuentren como adversarios democráticos que, en lugar de intentar cuantificar y reprocharse las culpas de aquella época, renueven su compromiso con la democracia y el estado de derecho. Es probable que el período electoral lo haya impedido.

Este aniversario es una oportunidad para replantearnos lo que nos hace convivir y trabajar por el crecimiento de nuestra sociedad. ¿Por qué, en vez de ser comunidades separadas a la luz de los distintos horrores de nuestra historia, seguimos insistiendo en vivir bajo la misma bandera, tener los mismos gobernantes, y sentirnos partes de la misma patria?

El desafío futuro es el poder construir una comunidad unida, reconciliada y que aprende de sus errores en el pasado. Sólo así, el tiempo invertido en recordar lo ocurrido hace 40 años dejará de ser necesario. Por el momento, sigamos recordando, sigamos aprendiendo, sigamos perdonando, y sigamos avanzando.

Para Tejemedios escribió:
CRISTINA BITAR
LICENCIADA EN CIENCIAS ECONÓMICAS